Las sardinas son una fuente principal de vitamina B12 y contienen altos niveles de triptófano. También son una gran fuente de selenio, vitamina D, ácidos grasos omega-3, proteínas, calcio y fósforo. Añadido a eso, siendo que están tan cerca de la parte inferior de la cadena alimentaria, sardinas contienen niveles más bajos de toxinas (como el mercurio y PCBs) que muchos otros tipos de peces.
Los beneficios cardiovasculares
Las sardinas son ricas en numerosos nutrientes que se han encontrado para apoyar la salud cardiovascular. Son una de las fuentes más concentradas de los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA, que se han encontrado para reducir los triglicéridos y los niveles de colesterol. Las sardinas son una excelente fuente de vitamina B12, que promueve la salud cardiovascular, ya que está íntimamente ligado a mantener los niveles de homocisteína en equilibrio; homocisteína puede dañar las paredes arteriales, con niveles elevados de ser un factor de riesgo para la aterosclerosis.
Salud ósea y articular
Las sardinas son una fuente excelente de la formación de los huesos de calcio y contienen sorprendentemente altas concentraciones de vitamina D, un nutriente no tan fácilmente disponible en la dieta. La vitamina D previene la inflamación no deseados y ayuda a los huesos en su absorción de calcio. Las sardinas son una gran fuente de fósforo, también, un mineral clave en el fortalecimiento de la matriz ósea. Estudios recientes también muestran que los ácidos grasos omega-3 que se encuentran en abundancia en las sardinas apoyan cartílago de las articulaciones y ayudar a regular y estabilizar el equilibrio de colágeno y minerales en el hueso y el tejido circundante.
Prevención de cáncer
Durante muchos años, los investigadores han sabido que la vitamina D participa en la regulación de la actividad celular. Debido a ciclos celulares juegan un papel clave en el desarrollo del cáncer, la ingesta óptima de vitamina D puede llegar a jugar un papel importante en la prevención de varios tipos de cáncer.



